FÍSICA Y CREACIONISMO - por José Alvarez López

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FÍSICA Y CREACIONISMO - por José Alvarez López

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Sáb Jul 05, 2014 9:58 pm

FÍSICA  Y  CREACIONISMO
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por José  Alvarez  López

Una cuestión que aparece a menudo en los textos de astronomía, y que plantea a poco que se hable del universo, es la de si existen otros mundos habitados.

El interés por el problema no se reduce a aquellos círculos diferentes en que sólo podría ser tratado en forma superficial, sino que, incluso, es tema de interés para el especialista como lo demuestran los recientes estudios sobre la composición de la atmósfera de Marte, en los cuales se descubre como primera intención el poner en claro este asunto.

En el estado actual de la ciencia puede afirmarse que en Marte hay o hubo vida vegetal ¿Pudieron tal vez existir animales? ¿Y en Venus, ese planeta tan parecido a la Tierra?

Con cierta probabilidad podrá, quizás, afirmarse que en el Sistema Solar el único planeta habitado por seres inteligentes es la Tierra, pero plantearé el problema con más generalidad al considerar que en el universo hay miles de millones de soles y que cada uno de ellos puede, a su vez, tener un sistema planetario; en este caso la probabilidad de existencia para otros mundos habitados se habrá aumentado indefinidamente.

Pero ¿existen en el universo otros sistemas planetarios como el nuestro, es decir, esas estrellas que contemplamos en las noches serenas, tienen una corte de planetas que las rodea? Aquí, la respuesta se torna difícil dentro de límites empíricos, porque la enorme distancia a que se encuentran aún en estrellas tan cercanas como Alfa Centauro, impide que podamos ver con nuestros telescopios si tienen o no un sistema planetario.

Mas como queda siempre abierto el camino de la libre opinión, hay quienes piensan que puede haber muchos otros sistemas planetarios; no hay por qué suponer  que nuestro Sol, una estrella insignificante, tenga tal privilegio exclusivo. Desde otro punto de vista resulta también un tanto absurdo pensar que en un universo tan dilatado seamos nosotros los únicos contempladores inteligentes.

El físico positivista, tan inclinado a considerar al hombre como el único ser consciente en el universo, se muestra, tal vez por compensación, propenso a considerar la posibilidad de otros mundos habitados, de otros seres inteligentes de los cuales no tenemos ni podemos tener noticias. Surge así la posibilidad de que en este mismo momento en muchos y diversos planetas del universo, otros hombres, otros seres inteligentes, se planteen la pregunta de si habrá otros seres como ellos en ignotas regiones del cosmos ¿Qué probabilidad hay de que ello sea así?

No se crea que la Ciencia no puede responder a la cuestión así planteada, llamando la atención que no obstante estar el argumento a la mano no haya sido, que sepamos, antes usado para contestar a la pregunta. Porque dentro de los más rigurosos conceptos de la mecánica estadística puede afirmarse que no hay otros sistemas solares, que hay en el universo la total imposibilidad de existencia de otros sistemas de planetas.

Con ello queda la pregunta casi contestada: la Tierra es el único balcón abierto al universo. Pero si apuramos el argumento nos vemos ante un serio aprieto porque la afirmación de la mecánica estadística puede afirmarse es todavía más categórica: Es imposible la existencia de un sistema solar. Pero en ese caso ¿cómo es que existe el nuestro? ¿cómo existimos nosotros?

Habrá que pensar, o que la mecánica estadística se equivoca o bien que el sistema solar existe contra las leyes naturales. De todas maneras un sistema de planetas aparece como un accidente del universo y por tanto podemos casi afirmar que no hay otros sistemas solares fuera del nuestro. Con esto nos colocamos en una situación de privilegio muy similar a la que el hombre gozara cuando el universo giraba en torno a la Tierra y no había más mundo que el que terminaba en el horizonte de la aldea o, a lo sumo, en las Columnas de Hércules.

Ignoramos el motivo de que este argumento de la mecánica estadística no haya sido antes usado para contestar esta pregunta. Posiblemente porque pudo significar también una negativa para la existencia de un sistema atómico. La mecánica estadística afirma en esencia que es imposible que un conjunto de partículas se mantenga girando en torno a otra, o sea que hay una total imposibilidad (una improbabilidad infinita) de que exista un núcleo atómico rodeando los electrones.

Este serio problema de contradicción entre las afirmaciones de la mecánica estadística y la teoría atómica fue resuelto con el advenimiento de la mecánica cuántica, que permitió dar una probabilidad de existencia a un electrón girando en torno a un núcleo siempre, claro está, que este electrón girara dentro de órbitas determinadas. Se descubrió con ello, cómo era posible que existiera un átomo aún en contra de las afirmaciones de la mecánica estadística, pero como esas condiciones cuánticas no se descubrieron aún en el sistema solar, puede afirmarse todavía la imposibilidad de existencia de un sistema solar.

Se podrá argüir que puede reducirse el problema si hacemos abstracción del espacio ocupado por el Sol, pero como no hay nada en la Naturaleza que obligue a proceder de esta manera, el argumento sigue en pie ¿Habrá que pensar en la presencia de algún proceso de cuantificación en el sistema solar?

No es  cuestión fácil de afirmar, más bien nos inclinamos a pensar lo contrario, afirmando en cierto modo que la solución del problema por vía mecánica no existe y que el sistema solar contraría las leyes de la mecánica estadística, ya sea como una excepción, la consecuencia de un mero azar, un caso único en la historia del universo o, tal vez —sin descartar una hipótesis dialéctica— como consecuencia de una voluntad creadora.

¿Habrá en el universo una voluntad capaz de oponerse al férreo determinismo de las leyes y realizar lo que no puede ser? ¿Habrá dentro de la esencia del universo elementos dialécticos que como contracorrientes del devenir inevitable de las cosas remonten la cuerda del reloj? Si así fuera aparecería el universo en una naturaleza dual mostrando en oposición dialéctica el determinismo y la libertad, el destino y la voluntad.

Con esto queda planteado dentro de los límites de la ciencia positiva un problema con soluciones ya conocidas en el campo filosófico, pero que había quedado sin respuesta en el marco físico. Cualquiera que sea la solución que se elija, ella sólo será una hipótesis provisoria, destinada a durar lo que el curso de nuestras ideas frente al análisis de conocimientos, que hasta ahora quedaron como a la vera del camino. Se puede afirmar una cosa definitiva: El Materialismo Mecánico no sirve para explicar los enigmas de la ciencia.

Se plantea la cuestión de si no habrá otros problemas físicos y filosóficos que por conducir por derroteros ajenos a los intereses del Materialismo Mecanicista fueron desechados, no tomados en cuenta, en una palabra ignorados por los investigadores a pesar de plantear interesantes problemas que, dentro de otra filosofía, hubieran podido ser importantes elementos de desarrollo y evolución científica.

Interesantes esquemas de evolución científica han sido podados del cuerpo de la Ciencia, por no convenir a los intereses de la filosofía mecanicista, en la cual no critico a quienes así han procedido —ya que no había otra manera de proceder— pero es necesario exhumar estos elementos para dar una nueva respuesta a las cuestiones planteadas. Pero el problema desde este punto de vista no se presenta aislado. El procedimiento de considerar “simple coincidencia” permitió negarles validez científica, aún cuando al hacerlo se cometiera a la vez una arbitrariedad científica y metodológica.

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Alejandra Correas Vázquez

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