APOCALIPSIS (estilo y poemática) por José Alvarez López

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APOCALIPSIS (estilo y poemática) por José Alvarez López

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Miér Mayo 30, 2012 4:37 pm

ESTILO LITERARIO DEL APOCALIPSIS
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por José Alvarez López

El estudio del estilo literario del texto de la Revelación o Apocalipsis, es una tarea sencilla, pues podemos ver porqué no pudo llegar a ser un poema donde la imaginación del autor no sufre más limitaciones que las de la forma.

No creo que Teócrito hubiera podido ante la contemplación extática del hermoso contorno de las islas componer un poema que al mismo tiempo poseyera el denso contenido técnico del Apocalipsis.

El Dafne y Cloe trae todavía hasta nosotros el rumor del mar, junto con el aroma a romero y laurel de las praderas de Mitilene, pero el romance de los jóvenes pastores no reconoce ninguna limitación fuera de la exigencia de un acaecer espontáneo y una expresión para la belleza.

Renán no podía sospechar el secreto tesoro que escondían los misteriosos símbolos del Apocalipsis, por esos su observación era correcta como lo fue también más tarde la de Brandes:

“Un griego de la época clásica hubiera compuesto en Patmos un poema bucólico; para poder substraerse al poder del contorno y componer una sucesión de monstruosidades como el Apocalipsis, se necesitaba ser verdaderamente un energúmeno”

La falta de ajuste a las normas literarias, tan características del libro que comento fue, en mi opinión, debida a la necesidad de un ajuste perfecto del texto a las imágenes percibidas por el vidente. No cabe duda de que logró su objetivo y en una forma maravillosa. Puede observarse:

1) Un enorme esfuerzo de síntesis
2) Una capacidad de expresión poética que están muy lejos de poseer los modernos tratados de astronomía
3) La descripción de los puntos fundamentales del tema con absoluta coordinación

El texto expresa con pocas palabras cosas extraordinariamente complicadas. La descripción del espacio interplanetario: “oro transparente como el cristal”, es bellísima y acertada imagen. La descripción de los planetas como piedras preciosas y de las lunas como perlas es, en la simplicidad de la imagen, acertada descripción de un hecho físico.

No podemos negarle al autor del Apocalipsis gusto por la poesía. Las palabras de Renán caen en el vacío. Si el texto de este libro no se ajustó a las normas clásicas, en cambio su contenido es poesía pura, inspiración poética condensada, en la que uno no sabe qué admirar más, si el ajuste de la expresión, la magnificencia de las imágenes o la percepción de un venero de belleza en el universo.

Tampoco es posible desconocer que en los últimos capítulos hay una afloración bucólica, demostrando que el autor tampoco pudo escapar al influjo del contorno. Dice así en el Apocalipsis:

“Y limpiará Dios toda lágrima de sus ojos y no habrá más muerte ni tampoco llanto ni clamor ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas...”; “ o, Juan, vi la Ciudad Santa, Jerusalén Sagrada, descendiendo del Cielo de Dios dispuesta como una esposa ataviada para su marido”

Creo que no se puede decir más con menos palabras. Cuando se piensa que quien las pronuncia es alguien que ha sabido hacer al mismo tiempo la más ajustada descripción del universo sin olvidar un impulso poético ante la magnificencia de la creación, estas palabras adquieren un significado inmenso y una resonancia que se adentra en nuestros corazones.

El vidente exclama:

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra se fueron”

El materializa en este en la descripción en recóndito deseo de un mundo en que podamos vivir con dignidad de hombres. De un mundo en que la justicia sea algo más que una palabra, de un mundo en el que el trabajo de los hombres no se pierda en el laberinto de los sistemas de explotación social; de un modo en el que todos los hombres sepan que el prójimo es su hermano. Un cielo nuevo y una tierra nueva en el que los hombres sepan perdonar las afrentas, como niños que pueden reír con los ojos llorosos.

¿Podemos confiar en esta esperanza? El vidente nos promete que todo será realidad ¿Qué quiso significar el autor? ¿Cómo habrán de suceder las cosas? Ya no nos encontramos ante la promesa repetida del profeta semianalfabeto, sino ante la capacidad demostrada con evidencia del científico de la más alta alcurnia.

Esta profecía no es ahora la aberración de un pastor alucinado, sino la afirmación de un hombre que hace dos mil años sabía más que los pensadores de hoy.

Como un espejismo esta fuente de agua de vida se alza en el yermo de un mundo miserable; una fuente donde beberán cuánto quieran los hijos de los hombres, hasta la postrer generación. Este es el mensaje del Apocalipsis. Una fuente para saciar la sed de justicia, para abrevar el amor del prójimo. Una esperanza mientras vuelve el Prometido.


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Alejandra Correas Vázquez

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